Alentándonos unos a otros

Estiende tus manos a tus amigos y a los que aún no lo son

Recomendamos Leer: Hebreos 10:19-25

"Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras" Hebreos 10:24

A poco menos de dos kilómetros de la meta de la Maratón de Londres, miles de espectadores bordeaban la ruta portando pancartas. Cuando algunos de ellos lograban divisar a algún familiar o amigo acercándose, gritaban el nombre de esta persona, le saludaban con la mano, y exclamaban frases de aliento: "¡Sólo un poquito más! ¡Sigue adelante! ¡Ya casi has llegado!"
Después de haber corrido 40 kilómetros, muchos competidores apenas si caminaban y estaban a punto de renunciar. Era asombroso observar a los exhaustos corredores alegrarse y renovar el ritmo cuando veían a alguien que conocían o cuando escuchaban su nombre.

¡Aliento! Todos lo necesitamos, especialmente en nuestro caminar de fe. El libro a los Hebreos nos dice que sigamos exhortándonos unos a otros.

"Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca"Hebreos10:24-25.

El Nuevo Testamento está lleno de la certeza de que Cristo pronto volverá. "El Señor está cerca" (Filipenses 4:5). "La venida del Señor se acerca" (Santiago 5:8). "He aquí Yo vengo pronto" (Apocalipsis 22:12).

Al "ver que aquel día se acerca", sigamos alentándonos unos a otros en la fe. "¡Sigue adelante! ¡Ya casi has llegado! Ya puedes ver la meta"

Reflexión: Aun si no tienes nada más que dar, puedes dar aliento.

Perdónanos como nosotros perdonamos. Leer Romanos 2:1-16
mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas Mateo 6:15

Una compañera de trabajo me hizo daño. Debido a las mentiras que le dijo a mi jefe sobre mí, no me dieron un ascenso. Era un ascenso por el que había trabajado con diligencia.
Debido a sus acciones, sentía mucho resentimiento. Descargué mi ira contra otros compañeros/as de trabajo, y eventualmente gané la reputación de ser problemática. Mi actitud me estaba destruyendo. Un día, una compañera cristiana me llevó aparte. Me indicó cuánto Dios me había perdonado y me sugirió que perdonara a mi compañera.
Me pregunté a mí misma… ¿Por qué debo perdonar? Yo soy la persona ofendida.
Pero al considerar sus palabras, comencé a llorar. Repentinamente las palabras del Padrenuestro se revelaron en una nueva forma. «Perdónanos así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal»
Lentamente, traté de perdonar. Tomó muchos meses. Nunca obtuve un ascenso y trabajé en un empleo por debajo de mis capacidades, pero al final pude tener compasión con la ofensora. Fui un mejor ejemplo para mis compañeros de trabajo.

Juntemos nuestras manos para orar unanimes

Oración:
Señor, nos has perdonado muchos pecados.
Danos la habilidad de perdonar a quienes nos han ofendido.
Amén.

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Toda buena amistad es bendición

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