La Biblia - Reina Valera 1960

Indice   Hechos 1

Hechos

Capítulo 2
La venida del Espíritu Santo

1

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Lv. 23:15-21; Dt. 16:9-11

2

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

3

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

4

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

5

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6

Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

7

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

8

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

9

Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

10

en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11

cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12

Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

13

Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

 

14

Primer discurso de Pedro

Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

15

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

16

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

17

Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;

18

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

19

Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;

20

El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;

21

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Jl. 2:28-32

22

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

23

a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; Mt. 27:35; Mr. 15:24; Lc. 23:33; Jn. 19:18

24

al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Mt. 28:5-6; Mr. 16:6; Lc. 24:5

25

Porque David dice de él:
Veía al Señor siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26

Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;

27

Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28

Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia. Sal. 16:8-11

29

Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

30

Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, Sal. 89:3-4; 132:11

31

viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

32

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

34

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,

35

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sal. 110:1

36

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

40

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

41

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

42

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

 

43

La vida de los primeros cristianos

Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

44

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; Hch. 4:32-35

45

y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Mt. 19:21; Mr. 10:21; Lc. 12:33; 18:22

46

Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

47

alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Hechos 3

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