La Biblia - Reina Valera 1960

Indice   San Mateo 26

San Mateo

Capítulo 27
Jesús ante Pilato
Mr. 15:1; Lc. 23:1-2; Jn. 18:28-32

1

Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte.

2

Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.

 

3

Muerte de Judas

Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,

4

diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!

5

Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.

6

Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.

7

Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.

8

Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Hch. 1:18-19

9

Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;

10

y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. Zac. 11:12-13

 

11

Pilato interroga a Jesús
Mr. 15:2-5
; Lc. 23:3-5; Jn. 18:33-38

Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.

12

Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió.

13

Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?

14

Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.

 

15

Jesús sentenciado a muerte
Mr. 15:6-20
; Lc. 23:13-25; Jn. 18:38- 19:16

Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.

16

Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.

17

Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?

18

Porque sabía que por envidia le habían entregado.

19

Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

20

Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.

21

Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.

22

Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!

23

Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!

24

Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.

25

Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

26

Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.

27

Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;

28

y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,

29

y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!

30

Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.

31

Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

 

32

Crucifixión y muerte de Jesús
Mr. 15:21-41
; Lc. 23:26-49; Jn. 19:17-30

Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.

33

Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,

34

le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.

35

Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Sal. 22:18

36

Y sentados le guardaban allí.

37

Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.

38

Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.

39

Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, Sal. 22:7; 119:25

40

y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Mt. 26:61; Jn. 2:19

41

De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:

42

A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

43

Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Sal. 22:8

44

Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

45

Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

46

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Sal. 22:1

47

Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.

48

Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Sal. 69:21

49

Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.

50

Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

51

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; Éx. 26:31-33

52

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

53

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

54

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

55

Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,

56

entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Lc. 8:2-3

 

57

Jesús es sepultado
Mr. 15:42-47
; Lc. 23:50-56; Jn. 19:38-42

Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.

58

Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

59

Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,

60

y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

61

Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

 

62

La guardia ante la tumba

Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato,

63

diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Mt. 16:21; 17:23; 20:19; Mr. 8:31; 9:31; 10:33-34; Lc. 9:22; 18:31-33

64

Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

65

Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.

66

Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

San Mateo 28

www.tunuevaalegria.com.ve