La Biblia - Reina Valera 1960

Indice   San Mateo 7

San Mateo

Capítulo 8
Jesús sana a un leproso
Mr. 1:40-45; Lc. 5:12-16

1

Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.

2

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

3

Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

4

Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. Lv. 14:1-32

 

5

Jesús sana al siervo de un centurión
Lc. 7:1-10

Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,

6

y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.

7

Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

8

Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.

9

Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

10

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

11

Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; Lc. 13:29

12

mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mt. 22:13; 25:30; Lc. 13:28

13

Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

 

14

Jesús sana a la suegra de Pedro
Mr. 1:29-34; Lc. 4:38-41

Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.

15

Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.

16

Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;

17

para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Is. 53:4

 

18

Los que querían seguir a Jesús
Lc. 9:57-62

Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.

19

Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.

20

Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.

21

Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.

22

Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

 

23

Jesús calma la tempestad
Mr. 4:35-41; Lc. 8:22-25

Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.

24

Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.

25

Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

26

Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

27

Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

 

28

Los endemoniados gadarenos
Mr. 5:1-20; Lc. 8:26-39

Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

29

Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?

30

Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.

31

Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.

32

Él les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.

33

Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.

34

Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

San Mateo 9

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